La muerte

Estamos cada vez más habituados a pensar que hemos de decir siempre un “sí a la vida” y a su defensa. Sin embargo, considero que la medicina tiene también el deber ético de promover un apasionado y tenaz “sí a la muerte”, como salvación de la carrera encarnecida de la humanidad que, negando la muerte, se cree omnipotente y se vuelve loco ante los espejismos que producen las supuestas posibilidades de la técnica.

Cuando el enfermo se convierte en un destinatario del ensayo de toda la tecnología al alcance, la muerte se convierte casi en una enfermedad y no en un evento natural que necesita asistencia y participación.