El humor es una cosa muy seria

El viejo libro de los Proverbios, de la Sagrada Escritura, nos dice que “el corazón alegre mejora la salud, el espíritu abatido seca los huesos”. Es muy antigua la creencia de que la risa y el humor son sanas, y cada vez existen más conocimiento y publicaciones sobre el humor terapéutico, así como intentos de mostrar la relación entre humor y salud.

Y es que el humor es una cosa muy seria. Tan seria que su relación con la salud es estrechísima. Todos sabemos que estar de mal humor no es bueno para la salud y que el buen humor es sinónimo de vivir sanamente las circunstancias de la vida, incluso las adversas.

El humor en la salud

Sí, cada vez son más los estudios, investigadores y publicaciones en todas las áreas relativas al humor, que lo reconocen como un ingrediente importante de la vida y de la salud física, mental, emocional, social y espiritual.

Los terapeutas, los enfermeros, los médicos, los psicólogos, los fisioterapeutas, los trabajadores sociales, los animadores socioculturales, saben que utilizar el humor en su práctica es más que importante. Y cada vez hay más que lo hacen con toda naturalidad, porque han entendido las razones y los beneficios que se alcanzan. Saben que su uso contribuye a crear un ambiente más positivo y más saludable.

En efecto, el humor puede provocar la risa y esta ser reflejo de nuestra alegría. Además, el buen humor y en particular la risa, descarga estrés acumulado, neutraliza ansiedades y puede ayudar a superar situaciones complejas.

El sentido del humor tiene la virtud de generar vida, y probablemente, la prolongue. Hoy se sabe que la risa y el humor estimulan el aparato circulatorio, el respiratorio y el sistema nervioso simpático. Y cuando se comparte, fortalece la comunicación.

Usar el humor en la relación

Pero más allá de la relación entre la salud y el estado de ánimo, ser capaces de echarle humor y de bromear sobre la enfermedad es todo un arte. Un arte que los religiosos camilos venimos cultivando desde hace años, imprimiendo decenas de miles de calendarios con viñetas que pretenden dibujar sonrisas también en quienes viven la estación de la enfermedad y en quienes salen en su ayuda. Baste para ello visitar la web www.humanizar.es o hacerse con un calendario de los que desde hace años edita el Centro de Humanización de la Salud.

Ser artista en la búsqueda de la chispa, del juego con las palabras que, sacadas de contexto o levemente modificadas, se convierten en sana fuente de buen humor, en distensión y alegría, es realmente un arte.

A mí me gustaría recibir el título de catedrático en humorología y salud. Me gustaría porque me sentiría feliz viéndome y viendo elevar los niveles de buen humor en un mundo tan cargado de malas noticias, tan invadido de sufrimiento, mucho de ello evitable. Hay personas que se consideran –como yo- incapaces de recordar un chiste y reproducirlo con gracia, pero es que el humor es mucho más que el chiste. Es, antes que nada, una actitud ante la vida, una actitud ante la limitación, ante la adversidad, con su correspondiente capacidad de ser factor protector de resiliencia.

La paradoja

Hay humor de muchos colores, amarillo, negro, verde; pero el que realmente tiene carta de ciudadanía en el campo de la salud, es un humor blanco, un humor capaz de proporcionar un ambiente rebosante de risa sana que ayude a manejar el estrés y lograr la adaptación, sin ofender, sin menospreciar.

Y no es una reacción superficial a la crisis el humor. Es perfectamente compatible con la proximidad, tanto en su uso como en la experiencia, de otros estados de ánimo también benéficos, como pueden ser la tristeza y su expresión en el llanto.

El llanto, bien sabemos que actúa como tranquilizador y puede ayudar a la descarga placentera y a la distensión. Por eso, hemos de saber valorar igualmente la risa y el llanto, y darles espacio incluso en la proximidad. El llanto no estropea el clima generado por la risa. Ni es la puerta que le cierre definitivamente el paso. Pueden darse de la mano, paradójicamente, como también la paradoja forma parte del sentido del humor.

Es conocido cómo la logoterapia utiliza la “intención paradójica” aplicada con un cierto sentido del humor, como estrategia de confrontación y de abordaje de situaciones críticas. Y así lo presentamos en la formación sobre relación de ayuda y counselling. La intención paradójica, con esa dosis de humor y pizca de sana ironía, puede contribuir en las relaciones de ayuda a ver lo que, por la vía directa y de la argumentación, no logramos y entendemos que es un bien para el otro.

Humor y resiliencia

Quienes han ligado el sentido del humor a la resiliencia han sido principalmente los psicólogos, y han intentado mostrar cómo este elemento posibilita el desarrollo de la resiliencia.

El ejemplo más popular de aplicación práctica del humor como estrategia de resiliencia en medicina, es sin duda la trayectoria profesional de Patch Adams. La psicología social –al parecer desde América Latina- ha incorporando el concepto de humor social para caracterizar la capacidad de determinados grupos de encontrar elementos cómicos en situaciones adversas logrando así un efecto tranquilizador.

Hay que tener en cuenta, por ejemplo, el caso de los chistes políticos, que tanto han servido a los grupos humanos para sobrellevar las dictaduras. Han sido una forma no solo de confrontar las dictaduras, sino también una interesante morada de la libertad. El humor es también una estrategia que permite tomar distancia de los problemas, facilitando la toma de decisiones para resolverlo y, en ocasiones, para encontrar respuestas nuevas para situaciones que parecen no tener salida.

El humor no solo es una estrategia de resiliencia en el sentido de que permite sobrellevar una situación a nivel colectivo, sino que también es una potente forma de opinión pública y una forma de romper espirales insanas de silencio.

Incluso en instancias alienantes y de esclavitud, de tortura y de amenaza de destrucción de la dignidad humana, la emergencia del humor, en la mayoría de los casos humor negro, ha salvado a individuos de la muerte. Freud, en un artículo de 1927, refiere al humor del cadalso: la humorada del condenado al patíbulo que, mientras es llevado un lunes al cadalso, exclama “Vaya, ¡empieza bien la semana!”

No hace mucho, me referían, en un congreso mundial sobre justicia, verdad, exhumaciones, me refería un psicólogo de prisiones: a los torturadores los cambian cada mes para que no se acostumbren y disminuyan las torturas, pero los presos encuentran modos de ironizar tras las sesiones de tortura y así sobrevivir y resistir más que los torturadores.

El genuino sentido del humor es, pues, más que un mero mecanismo de defensa. Es un modo inteligente de disponerse ante sí mismo y ante los demás, particularmente en momentos de crisis. Un modo que puede contribuir a salir de ellas fortalecidos. Es que, como decíamos al principio, el humor es una cosa muy seria.

Y se podría decir, con tantos que así lo piensan, que “si no tienes nada de qué reírte, mírate al espejo”.