Acreditarse como counsellor

Año publicación: 
2015
A mediados de diciembre pasado me acredité como counsellor en la Asociación Aphice, en cuyos estatutos se contempla esta posibilidad para quien cumple los requisitos. No son muchos en España los que han hecho este proceso todavía en las diferentes asociaciones existentes. Es un camino iniciado recientemente en vistas a la promoción de esta forma de ayuda tan difundida en el ámbito anglosajón.
 
En España, más que habernos dedicado a promover una nueva profesión (el counselling) e intentar introducir la figura del counsellor en situaciones variadas en las que podría ser un profesional más de un equipo o de un proceso, nos hemos dedicado a promover la formación en relación de ayuda primero, y en counselling después, para cualificar profesionales de la ayuda y humanizar su intervención.
 
 
El reto de la formación
 
Aunque la formación profesional en counselling fue creada en ámbitos académicos y profesionales de países anglosajones, donde comenzó a ser reconocido como profesión independiente, en los últimos años, ha crecido la demanda de esta formación y/o titulación también en España, desde diferentes ámbitos de la vida social y laboral.
 
Profesionales que trabajan en la relación de ayuda, en áreas sanitarias, sociales, culturales, de prevención, mediación o actividades humanitarias tales como: trabajadores sociales, diplomados en enfermería, pedagogos, mediadores, orientadores familiares, maestros, ONG's, abogados de familia, psicopedagogos, psicólogos, médicos, que quieren formarse para humanizar su atención, pueden acudir a una especialización en bioética, a un máster en counselling… sin necesidad de aspirar a ser profesionales del counselling.
 
No obstante, parece que se está aproximando el momento en que el counselling se convertirá en una profesión, para lo cual tendrá que haber un núcleo sólido entre nosotros de personas formadas y con experiencia, apasionadas por aliviar diferentes formas de sufrimiento, con estrategias de supervisión, realizando trabajos que generen evidencia científica y subespecializándose en sectores distintos del posible ejercicio del counselling.
 
Ya se realizan todos los años varios encuentros a modo de Congreso, organizados por las diferentes asociaciones, consiguiendo así no solo socializar conocimientos experiencias, sino también ir ejerciendo redes entre personas con intereses semejantes.
 
Las acrecitaciones son procesos de verificación del tipo de formación (a su vez normalmente también acreditada), así como de la experiencia y visible madurez del profesional que desea prestar este servicio a la sociedad y, posiblemente, vivir de ello. Países como Inglaterra, Estados Unidos, Argentina, Venezuela, pero también Italia, por ejemplo, han avanzado mucho más que nosotros en este sentido. Es fácil que en contextos como los arriba citados, encontremos un profesional que se presenta como counsellor y que facilita información, acompaña a tomar decisiones, ayuda en momentos de sufrimiento, construye puentes para conseguir objetivos no visibilizados o no explorados aún…
 
Algo será siempre importante en el camino que realicemos en nuestro contexto: la formación. A nivel universitario (que obviamente es un valor), tiene historia el máster en counselling impartido en Barcelona, en la Facultad de Educación Social y Trabajo Social de la Universidad Ramón Llull, de la que copió el programa el Centro de Humanización de la Salud en Tres Cantos, Madrid, y con la que mantiene un convenio para dicho título. También encontramos el máster en counselling humanista integrativo impartido por la Asociación Aphice como título propio de la Universidad de Alcalá y el máster oficial on-line impartido por la Universidad Católica de Valencia en colaboración con el Centro de Humanización de la Salud. Otros grupos imparten formación no universitaria y contribuyen a la difusión mediante acciones formativas de algunas decenas de horas, así como organizando Congresos anuales. La Asociación de counselling humanista de España (ACHE) organiza su primer Congreso en la primavera del 2015 en Barcelona.
 
El reto de la relación y el encuentro
 
Si esta forma de acompañar, de corazón humanista, con tanto poder humanizador como tiene, desea abrirse camino, habrá de suceder alguna forma de encuentro con objetivos sumatorios o exponenciales. Es decir, los apasionados por el counselling habrán de reconocerse recíprocamente en el escenario de la búsqueda de un espacio social adecuado y de un futuro más profesional y plural.
 
Ahora bien, así como los estatutos de las Asociaciones tienden a marcar mínimos para asociarse y para acreditarse, mínimos que normalmente se cumplen acudiendo a los servicios ofrecidos por la misma Asociación o entes vinculados, habrá que consensuar estándares de reconocimiento recíproco, entre los cuales, considero de máxima importancia, la formación universitaria. Encontrarse con una persona en crisis, que sufre, que tiene el coraje de pedir ayuda, es algo realmente delicado. Requiere no solo la buena intención o haber hecho experiencia oasis de formación de uno o varios fines de semana (así ocurre a veces), sino un camino de estudio, de praxis, de supervisión, de entrenamiento en habilidades y de interiorización en técnicas de acompañamiento centradas en la persona. 
 
Proclamar algunas convicciones y hacer algunos “juegos didácticos” en grupo, es oportuno, pero insuficiente. No permitamos que este espacio esté avance con niveles bajos de formación o de desarrollo personal de los consejeros. Indicadores de madurez personal, de superación exitosa de las propias adversidades, de apropiación de una antropología de la salud y del sufrimiento humano, de desarrollo personal y madurez… han de estar presentes en los candidatos a una futura profesión que cubrirá un espacio en la pluralidad de formas de ayuda.
 
El reto del desarrollo personal
 
“Conócete a ti mismo” es el epitafio que figuraba en el templo de Delfos, el más importante de los templos griegos, considerado por muchos como el centro del mundo. Freud advirtió al final de su vida, que alguien que quiere ayudar a los demás necesita tener antes resuelto el conflicto en el que quiera ayudar. En uno de los últimos trabajos escritos por Freud, el titulado Análisis terminable e interminable (1937), dos antes de su muerte, comienza Freud citando una conferencia dada por Sandor Ferenczi diez años antes, en 1927, en el Congreso de Psicoanálisis de Imsbruck, a propósito de la terminación del análisis. La tesis de Ferenczi es que el éxito de la terapia depende de que el analista haya aprendido de sus propios errores y equivocaciones y haya corregido los puntos débiles de su personalidad. Nadie puede ayudar a otro en un conflicto que él mismo no tenga resuelto. Este es el origen del llamado “análisis didáctico”.
 
Para Freud un terapeuta que no haya alcanzado un cierto nivel de normalidad no puede ser útil para los pacientes. Y eso es, piensa Freud, lo que sucede con demasiada frecuencia. Su tesis es que los psicoterapeutas no tienen muchas veces la madurez psicológica a la que intentan conducir a sus pacientes. Para Freud es razonable esperar de un terapeuta -como parte de sus calificaciones- un grado considerable de normalidad y de salud mentales. Además, ha de poseer alguna clase de superioridad, de modo que en ciertas situaciones analíticas pueda actuar como modelo para su paciente y en otras como maestro.
 
El counselling está en contacto con lo más problemático del ser humano, el fracaso, el dolor, la enfermedad, la finitud, la muerte. Manejar estas dimensiones sin gran desgaste exige no solo madurez técnica, psicológica y ética, sino también humana, existencial. El médico ha de ser una persona muy sana espiritual o existencialmente, so pena de no poder ayudar a los demás en esos trances tan críticos. Freud dijo que nadie puede ayudar a otro en un conflicto que él no tenga previamente resuelto. Y para el counselling, yo suscribo lo mismo. Un reto permanente.