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He escuchado al pederasta

Si la escucha realmente tiene poder, he aquí un fragmento de mi escucha… a un pederasta. Si hablamos de la escucha en las relaciones de ayuda, solemos pensar en la víctima. ¡Claro, no faltaba más! Esta vez comparto un fragmento de mi escucha grabada, con su permiso, a un abusador. Abusó de 4 niñas. Por su valor en primera persona, la dejo intacta, aunque es solo un fragmento, con su permiso. El tiene 56 años, está en la cárcel, en tercer grado, y eso le permite venir a mi despacho.
 

Integrativo o nada

Este fue el comentario de uno de mis contertulios en la cena con la que nos juntábamos a celebrar las Jornadas de counselling humanista: “hoy todo tiene que ser integrativo”, “o integrativo o nada”, “antes era ecléctico, pero si dices esa palabra, estás anticuado”. Quizás sea una cuestión de moda en relación a las palabras… Ayudar con un método ecléctico –como yo estudiaba en mi juventud- quería decir uniendo –sin fundamentalismos- valores, ideas, tendencias, etc., de sistemas diversos del mundo de la psicología.
 
Pero hoy preferimos hablar de integrar. De hecho, el counselling se sitúa dentro de las tendencias humanistas de la psicología llamadas de tercera generación. Se supera o se hace uso conveniente de aspectos del psicoanálisis, del conductismo, de tendencias más cognitivo-conductuales, gestálticas… sin pudor de juntar aspectos que añadan a la eficacia de la relación de ayuda. La denominación “tercera” fue acuñada por Hayes para agrupar perspectivas similares que surgieron casi simultáneamente en el campo de las terapias de conducta. Es “tercera”, en referencia a dos movimientos similares previos en los desarrollos terapéuticos conductuales que tuvieron lugar en el siglo XX.
 

Refugios para el corazón

Hace poco, en un interesante documento, llamado Misericordia et Misera, el papa decía: “Todos tenemos necesidad de consuelo, porque ninguno es inmune al sufrimiento, al dolor y a la incomprensión. Cuánto dolor puede causar una palabra rencorosa, fruto de la envidia, de los celos y de la rabia. Cuánto sufrimiento provoca la experiencia de la traición, de la violencia y del abandono; cuánta amargura ante la muerte de los seres queridos”.

Humanización y relación

Confieso que cada vez siento mayor incomodidad al constatar que, en diferentes contextos de reflexión, se tiende a equiparar la humanización con el trato cálido, acogedor, en las relaciones asistenciales. Casi como si lo más genuinamente humano estuviera en estas cualidades de las relaciones de ayuda.

Educar para deliberar

Analfabetismo ético. Eso me parece que es lo que encuentro a veces en algunas personas dando clase en lugares tan diferentes como lo hago. No es infrecuente. A veces presento casos para provocar la reflexión sobre la necesidad de formación en relación de ayuda y counselling, y encuentro no solo falta de competencias blandas, relacionales, sino también torpeza en la deliberación ética.

Nada humano me es ajeno

Es una de las palabras más difundidas socialmente, casi como neologismo. La empleamos en contextos profesionales –counselling y profesiones de ayuda- y se emplea popularmente. Cada vez experimento más necesidad de profundizar sobre esta actitud porque su difusión no va siempre acompañada de buen uso.

La literatura científica reciente presenta una diversidad sorprendente y compleja a la hora de determinar el significado, la naturaleza, los elementos integrantes y la dimensión comportamental de la empatía.

 

Y a ti, ¿quién te cuida?

No me imagino mi vida sin alguien con quien descargar lo que absorbo, en particular, en algunas relaciones con personas que sufren. ¿Qué haría yo sin des-ahogarme? ¿Cómo “descargo” la tensión, la angustia contagiosa, la presencia repetida de imágenes de dolor de las que he participado como acompañante? Las relaciones de ayuda tienen un precio emocional, llevan a cargarse como una esponja que limpia la pila, y son necesarias estrategias de autocuidado. Al fin y al cabo hay que reciclar emocionalmente las salpicaduras.