Articulos

Educar para prevenir

Escuchar la narración de cómo se ha sentido uno educado, especialmente en la infancia, permite constatar la estrecha relación entre educación y salud. Recuerdo la narración de la infancia de algunos enfermos pasada en medio de grandes carencias educativas; recuerdo dificultades relacionales, emocionales y afectivas presentes en la edad adulta y narradas también en relación inmediata con el modo como fueron educados en la infancia.

Sí, recuerdo a Juan, enfermo de sida, a quien su padre nunca le exigía nada ni se interesaba por él; recuerdo a Julia, prostituta, que vivió con su madre drogadicta; a Rosa, que padece depresión y que cuenta cómo su madre nunca le permitió tener límites o que se le notaran; a Ana, que padece anorexia y que nunca se sintió querida por su madre; a Pedro, que tiene úlcera péptica y cuyo padre era tan exigente que le infundió un miedo espantoso a cometer errores; recuerdo a un preso, que había matado al dueño de una tienda en un robo, cuyo padre nunca aparecía por casa y cuya madre se aislaba y no estaba nunca con los hijos pequeños y adolescentes…

El arte de ser joven

Cada vez escucho más a los jóvenes que dicen que se aburren los domingos por la tarde. Se aburren tumbados en la cama, viendo la televisión, angustiados, a la espera de que pase de una vez todo ese vacío y llegue de nuevo el viernes siguiente.

Recuerdo cuando leí algunas obras del psiquiatra vienés, judío, Vicktor Frankl, conocido como fundador de la logoterapia (terapia mediante los valores). Me hizo pensar mucho la reflexión que hacía sobre el vacío existencial que experimentan algunas personas y la particular referencia hecha al domingo por la tarde, momento en que ciertas personas se sienten especialmente incómodas y no disfrutan del tiempo de descanso.

La relación de ayuda ante el próximo siglo

El próximo siglo está a la vuelta de la esquina. Desde numerosos lugares surge la pregunta sobre lo que cambiará en el mismo y si su inicio será realmente el comienzo de algo nuevo. También hay quien se pregunta qué lugar ocupará la relación de ayuda a partir del año 2001 en el que comenzaremos el siglo XXI, dentro del ámbito de la salud.

Yo me apunto al grupo de aquellos que no se esperan un cambio espectacular con el inicio del próximo siglo, así como también con el inicio (más próximo) del nuevo milenio, aunque tampoco descarto algunos posibles eventos importantes fruto –por ejemplo- de acuerdos entre los pueblos. Bien podría ser considerado el año 2000 como un buen momento para condonar la deuda externa de muchos países pobres o en vías de desarrollo.

En el campo de las profesiones de salud en Argentina, a la par que el creciente progreso tecnológico, cabe esperar una mayor atención a los aspectos relacionales y el reconocimiento de la importancia de considerar a la persona en su globalidad en la aplicación de las técnicas sanitarias.

Trabajar bien y feliz

Mi jefe, cuando abre la boca, pierde un cliente, me decía el otro día una interesante mujer que, al parecer, tenía buenas capacidades de entrar en comunicación con los demás, de escuchar, de ponerse en el lugar de los demás  y comprender sus expectativas, deseos, necesidades y sentimientos. Mi jefe sabe mucho –añadía-, pero no sabe ni dirigir la empresa ni representarla; menos mal que estamos nosotros –se refería a otros miembros del equipo- que lo escondemos.

Parece una situación extraña, pero interesante. En efecto, cada vez es más difícil trabajar solo. Aun si el trabajo se realiza con los modernos medios informáticos que permiten hacerlo a distancia, en todo caso, mediante el trabajo se forman y se tejen verdaderas redes de relaciones de interdependencia.

La fe al hospital

Maika, Juani, Pedro, Rosa... y qué sé yo cuántos están sufriendo por una religiosidad enfermiza. Enferman de fe, o de pseudofe... Y sufren. Y buscan. Y se reniegan. Pero Paco, Juli, y no sé cuántos más, hacen sufrir a otros a causa de la fe, o de la pseudofe. ¿Qué está pasando? Quizás valga la pena pensar, que no está prohibido.

En efecto, la fe y la religión necesitan a veces una pasada por el hospital. No es que en el hospital no la haya. Ya lo creo que la hay, y bien viva y expresiva: con frecuencia más auténtica que en otros lugares. La fe se expresa en el hospital bajo forma de grito de dolor, de pregunta por el sentido, de signos eficaces de cuidados y de celebración de los misterios de la vida. Pero no es la fe viva que encontramos en el hospital (incluso a veces bajo forma de aparente blasfemia) la que atrae mi atención.

Mendigos de cariño - El sufrimiento del niño

No puedo quitarme de encima aquella visita a la casa de Barranquilla (Colombia) que acogía a niños abandonados por sus padres, huérfanos a causa de la guerrilla, hijos de enfermos mentales, hijos de la prostitución, abandonados por desplazados... Víctimas de la irracionalidad, de la injusticia, de la locura. Víctimas del desamor. Mendigos de cariño.

No pude evitar repetir aquella visita para compartir el tiempo que me quedaba libre antes del viaje de regreso. Había percibido en ellos un grito que pedía cariño, unas lágrimas que tragaban, un llanto consolado recíprocamente, una alegría insólita por poder abrazar y dejarse abrazar…

Enamorarse inoportunamente

Pilar se sentía mal con su pareja. Tenía problemas de relación, mucha distancia, ausencia de pasión, rutina, falta de diálogo, desacuerdo en la educación de su hija… Un sinfín de motivos que la hacían sufrir. Me contó de cómo, al desahogarse con un compañero de trabajo, el jefe de servicio,  (también éste comprometido), terminó enamorándose de él. Ahora está hecha un lío, porque su jefe le comprende y le ayuda, pero tiene a su pareja estable y con dos, parece que la cosa no resulta muy fácil.

Todo el mundo –digo yo- se ha enamorado alguna vez. Y seguro que habrá sido para bien. La cosa habrá terminado en la formación de una pareja o en la ruptura porque la relación no ha cuajado. Pero no todos los enamoramientos son sanos. Algunos se producen dentro del ámbito terapéutico y complican bastante la vida. Los expertos hablan de relaciones transferenciales.