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El compromiso de la humanización en las instituciones sociosanitarias

La humanización recoge aspectos de calidad, pero no solo y no todos. Humanizar el mundo de la salud y la dependencia pasa por incidir no sólo en el diseño y desarrollo de programas que salgan al paso de las necesidades materiales, sino por incidir también en la salud y autonomía de las relaciones, en el respeto de los valores, en el manejo de los sentimientos de frustración y de pérdida, en el potenciamiento de la autopercepción… Constituye un compromiso ético de considerar a la persona en su globalidad. Y una intervención holística, global e integral.

En esta reflexión revisamos su evolución, relación con la calidad, con la cultura, y los distintos ámbitos sobre los que incide.

Duelo y espiritualidad

Recientemente he escrito un nuevo libro. Lleva este título: “Duelo y espiritualidad”. He querido preparar este cuaderno de lectura y trabajo individual y grupal porque cada vez existen más iniciativas de acompañamiento en el duelo, pero he sentido el deber de ofrecer un recurso para ayudar a trabajar la dimensión espiritual.  Soy cristiano, religioso camilo, vivo en Europa, de modo que no he dudado en enfocar el tema desde la tradición cristiana. No rechazo así cualquier otro recurso, creencia, costumbre, religión… con los que cuenten los dolientes. Simplemente esta es una opción y un límite de este material.

Lo he escrito con temor y temblor porque soy consciente de lo delicado que es tanto hablar del duelo (sobre todo dirigiéndose a dolientes, como he hecho con frecuencia en diferentes países), como hablar de la dimensión espiritual, y de la esperanza, en particular, apostando porque lo que se dice o se escribe esté bien enraizado en el corazón y no sean meras palabras huecas que, dichas al doliente, pueden resultar a campanas al aire.

Counselling y coaching

He empezado a estudiar coaching en una universidad. Deseo comprender algo sobre lo que significa, sus potencialidades, su fondo y sus técnicas. También sobre su relación con el counselling. No me parece tan fácil distinguirlos. Es posible que algunos que estudian  lo hagan porque no sabían que existe el counselling y al revés. En todo caso, asistimos a un desarrollo de ambos.

En efecto, los dos son procesos de acompañamiento a través del diálogo entre un coach o un counsellor (respectivamente) centrados en el cliente y realizados por una persona adecuadamente preparada, desde un planteamiento de no directividad.

Ambos parecen tener una idea de la persona que podríamos decir es compatible con lo que entendemos en la psicología humanista, un confianza en los recursos del ser humano de desarrollo y crecimiento, así como de abordaje de las propias dificultades y retos.

Que vuelva el principito

Preguntas y valores

El otro día tuve la dicha de acompañar a una familia cristiana durante varios momentos de la agonía de la esposa-madre-abuela de los presentes. Fue una dicha, digo, porque pude apreciar el valor de vivir en clave de amor, de esperanza, de fe. En varios momentos, a ritmo casi de la apnea de quien vivía sus últimas horas, dados de la mano en torno a la cama, oramos con gran sencillez y expresamos en voz alta lo que habitaba en nuestro corazón.

En otro núcleo familiar, sospecho que no habría escuchado más que la lamentación para la larga duración de aquella situación, una intolerancia al proceso y al dinamismo de la espera, en contemplación del misterio.

No soy partidario de la cantinela que escucho con frecuencia: “se han perdido los valores”. No. No creo que se hayan perdido. En algún sitio están. Es probable que necesitemos una provocación para que su manifestación explícita, su impregnación de la realidad de manera efectiva, se haga luminosa y transformadora. Es probable que necesitemos algún Principito, como el de Saint Exupéry, que sea capaz de rescatar con sencillez las preguntas que atraen los valores.

Presencia plena

No habrá palabra oportuna y hospitalaria si no está profundamente arraigada en la gran clave de la hospitalidad, que es la escucha. Cuantos más ejercicios hago de supervisar alumnos de counselling, más tomo conciencia de la diferencia que hay entre oír la “historia” que el ayudado trae consigo y narra, y el verdadero significado que tiene para su biografía personal. Sentirse escuchado, comprendido en el mundo de los sentimientos, captado en el voltaje emocional personal, ser visto con el ojo del espíritu, son frutos de la escucha hospitalaria. No es posible escuchar sin lo que hoy, cada vez más, se denomina como “presencia plena”.

Una de las prácticas que se han traspasado desde las disciplinas espirituales a la vida actual y al mundo de las relaciones de ayuda y el acompañamiento, es la de la presencia plena. Es la tradición budista quien mejor enfatiza esta actitud.

Acogida hogareña

Viajo mucho. Sí. Esto me permite, entre otras cosas, apreciar lo que significa ser hospedado en los más variados lugares y de las más diferentes formas. Es obvio: no hay como estar fuera para apreciar lo que significa estar en casa, con la rutina personal del propio hogar, los referentes habituales, las personas que inspiran confianza, la silenciosa convivencia con la dosis de salud de la que cada uno es capaz de hacer experiencia.

Con ocasión de la enfermedad, si algo inspira confianza es que uno sea atendido con aires familiares, hogareños, en lugares acogedores, humanizados. Quizás los criterios de la arquitectura hospitalaria y la humano-relacional se han ido centrando más en el modelo biomédico que en la acogida de la persona enferma y su familia.

¿Nuevos aires?

En los últimos años, las diferentes voces que reclaman humanización, los modelos que se definen a sí mismos como centrados en la persona (en salud y en intervención social), las corrientes de psicología humanista o más integradoras, reclaman variables de atención en los que la acogida, la hospitalidad, ocupa un lugar relevante.

El sanador herido, eco de la empatía

Una de mis compañeras de trabajo en la Unidad de Cuidados Paliativos del Centro San Camilo, médico, me cuenta: Cada vez que hago un ingreso, creo que me llaman a una película de cuyo guión me hago cargo, pero me salgo de la película. Veo el sufrimiento, pero no es el mío y me salgo. Es la muerte de los otros. No creo tener menos miedo a la muerte ahora que antes. Quizás más conciencia de lo que pueda ser.  Yo creo que no me afecta por mecanismo de defensa. Hay una fase de acostumbramiento que ya he pasado. Al principio, en cambio, dormía con orfidal porque me habían soltado en el ruedo de todo el sufrimiento cuando hasta entonces yo había firmado solo dos certificados de defunción. Mi marido me decía que saliera de ahí porque me hacía sufrir.  A veces me digo, al ver mi misma fecha de nacimiento: ¿Y por qué no me ha tocado a mí?

Está en juego, en el counselling, en las relaciones de ayuda, la persona del ayudante que, lejos de ser un mero técnico, es un sanador herido que se reconoce como tal al experimentar el eco del esfuerzo empático de entrar en el mundo del otro. Es el otro el que nos devuelve nuestra propia realidad, no solo la suya. Es el ayudado el que hace sentir en nosotros el eco de la vulnerabilidad que también como ayudantes nos pertenece junto con el poder de comprender la alteridad. Acogemos, hospedamos, entramos en el mundo del otro y el nuestro se nos revela más claramente a la vez. Si no manejamos bien nuestra vulnerabilidad, necesitaremos unas veces orfidal; otras nos saldremos de la escena defendiéndonos no necesariamente de manera saludable.