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Un libro sin éxito editorial

Ya han pasado dos años desde que escribí un libro sin éxito editorial, es decir, sin alcanzar un puñado de ediciones como otros. Se trata del que lleva el título: “Doble drama: humanizar los rostros de la pederastia”. Lo escribí con Marta Villacieros y quería poner sobre la mesa una dimensión raramente observada del drama de los abusos sexuales a menores: las víctimas invisibles, los familiares tanto de la persona abusada como los del abusador. Un conjunto de personas a las que mirar y ver, si uno quiere contribuir a prevenir y a cuidar a los afectados por este drama de múltiples caras.

¿Resignarse o reinventarse?

El desafío del cambio ante lo que se impone es vivido de manera diferente a lo largo del tiempo. Cada época va poniendo entre sus claves de definición de objetivos de cambio ante lo que nos sucede, palabras de referencia que evocan actitudes ante lo inevitable, ante lo sobrevenido. Es el caso de la pérdida de un ser querido. Mi abuela no habría dudado en definir su reto con la palabra resignación. Para ella evocaba un valor, una disposición favorable ante la pérdida. Mis compañeros psicólogos de mi juventud creo que optarían por la palabra adaptación. Yo hoy pienso en el desafío de reinventarse. No sé si hablamos de lo mismo.

No hay desarrollo sin liberación

La palabra liberación tiene muchas connotaciones. ¿Qué decir de los enfermos mentales a los que nuestro amigo Gregoire está quitando las cadenas en los bosques de Costa de Marfil? ¿O qué decir de los nuevos “contratos de esclavitud” en la red? ¿Y de los afectos de los que podemos ser también víctimas en lugar de protagonistas? ¿O de los pensamientos que pueden apoderarse de nosotros de manera tiránica? La liberación de cuanto nos impide ser nosotros mismos es un reto en el acompañamiento: ayudar a ser persona.

La magia de la palabra y del cuento

Está entre mis aficiones. Practico sobre todo cuando vienen niños a mi despacho, normalmente los hijos de los trabajadores del Centro de Humanización de la Salud. Es sorprendente hacer magia para los niños. Quedan de alguna manera cautivados, algunos más pícaros buscan el truco para poder hacerlo también ellos. Otros, solamente admiran ante lo imposible hecho realidad. Los seres humanos admiramos resultados inesperados, que parecen sobrenaturales, así como el encanto de la persona que nos desvela lo oculto y sus potencialidades.

La revolución de la ternura

Sí, ha sido el papa Francisco el que ha reiterado la invitación a hacer la revolución de la ternura. Invita a “descansar en la ternura”, habla de “la fuerza de la ternura”, de “una montaña de ternura”, insistiendo que no es una virtud de los débiles; evoca la “ternura combativa de los embates del mal”, y construye el binomio de “justicia y ternura”. No era frecuente encontrar estas palabras en documentos de envergadura como una exhortación apostólica.

La alianza terapéutica

“Quien entra aquí, sale mejor persona”. “¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”. Entre la primera sentencia, escrita en una casa de formación, y la segunda, la del infierno de Dante, hay una ligera diferencia. La relación de ayuda está marcada por esa confianza genuina de quien espera del otro un apoyo para ser mejor persona, más feliz, salir del agujero en el que ha caído. Una alianza con el terapeuta consolida expectativas y refuerza motivaciones.

Dejarse cuidar

Puedo decir que desde hace años reflexiono sobre el cambio que se produce en algunas personas al pasar del rol de cuidador al de ser cuidado. Sí, muchos nos pasamos mucho tiempo hablando, exhortando, poniendo en valor lo que significa cuidar y proponiendo modos de hacerlo humanizados. Otros se pasan mucho tiempo cuidando a menores o mayores, enfermos o personas con discapacidad… Y a estos “cuidadores” que a veces se identifican muchísimo con este rol, también les puede llegar la hora de “ser cuidados” por otros.